El reto de crecer en un mundo con límites

marzo 16, 2020

CRECER, el reto de las economías, el crecimiento económico ha sido el objetivo de desarrollo de las naciones. CRECER es la meta de éxito de empresas y naciones. Pero ¿qué es crecer? El crecimiento, medido de acuerdo a la naturaleza de cada empresa o nación, está representada principalmente por el aumento de clientes, usuarios que representen mayores ingresos netos (sector privado) o por un incremento del PIB (estado). Así, las medidas de crecimiento han sido usualmente evaluadas a partir de esta perspectiva que está comúnmente asociada al consumo, mayor número de clientes, mayor “productividad”, más turistas, representan un aumento del consumo de bienes y servicios, que se abastecen sobre la plataforma social, cultural y ecológica de los territorios.

Así,  en un mundo que tiene un gran reto frente a crear economías azules, verdes, sostenibles… el desarrollo enfrenta un gran paradigma: como crecer sin consumir más allá de la capacidad de abastecimiento de nuestra plataforma territorial cada vez más fragmentada, erosionada, reducida y limitada.

Y es que en un mundo tan desigual como el nuestro, pareciera que el crecimiento es necesario. De acuerdo a OXFAM[1]  El 99% de la población mundial posee menos riqueza que el 1% más pudiente de la población del planeta mientras 3.600 millones de personas en el mundo poseían, en 2015, igual riqueza que 62 personas ricas.

El tema de crecimiento en el mundo es un reto, no solo para la conservación y restauración de nuestra plataforma ecológica, sino para transferir un desarrollo equitativo a la población mundial. Por ello surge la pregunta:

¿Cómo integrar la necesidad de crecer, el cual llevará a una mayor productividad y aumento del consumo, con procesos de conservación y restauración requeridos para la recuperación de nuestro planeta en un mundo inequitativo?

Y es que este reto no es lejano al turismo, y desde este sector deseo ofrecer mis perspectivas (acertadas o no) sobre el camino que estamos siguiendo y los desafíos cada vez más difíciles que confronta la industria de viajes.

El primer desafío que reconozco como consultora de sostenibilidad en el sector en Colombia, es tener una nueva perspectiva de EVALUACIÓN del sector. Debemos redefinir la medición del desarrollo y éxito del sector más allá de indicadores de crecimiento basados en el número de turistas o aumento de ingresos; sin incluir otras variables que deben completar la ecuación para valorar más acertadamente la sostenibilidad del sector, no podremos valorar integralmente el impacto del sector en el desarrollo de los territorios, esto, entendiendo sostenibilidad más allá de la dimensión ambiental y comprendiendo además dimensiones sociales, culturales y económicas.

El turismo, se ha presentado como un sector de gran aporte al desarrollo, al presentar un alto crecimiento, tan solo la OMT[2] ha expresado que:

“En 2019 se registraron 1.500 millones de llegadas de turistas internacionales en el mundo. Se espera que este incremento del 4% con respecto al año anterior se repita en el 2020, lo que confirma la posición del turismo como un sector económico pujante y resistente, especialmente teniendo en cuenta las actuales incertidumbres. Precisamente por eso, es necesario gestionar el crecimiento con responsabilidad y aprovechar de la mejor manera posible las oportunidades que el turismo puede ofrecer a las comunidades de todo el mundo.”

Entonces, ¿cómo sabemos si el crecimiento del turismo es RESPONSABLE? ¿Qué indicadores y medidas nos permitirá trazar y monitorear la responsabilidad en el crecimiento, más allá de tasas de crecimiento de llegadas internacionales o de turistas y de la retórica de la sostenibilidad?

Uno de los principales impactos que debemos reconocer en el turismo, más allá de la generación de residuos o de incremento de emisiones de CO2, está en el aumento del costo de vida de destinos que se hacen famosos. Y aquí deseo hacer mi primera parada en esta reflexión.

Destinos emergentes, tienen un gran interés en captar un segmento turístico de países con economías más desarrolladas, y turistas de estos países, se pueden ver cada vez más atraídos por economías emergentes, especialmente por las ventajas que pueden haber en el cambio de la moneda, ya que el dinero, de forma simple, rinde más. Pero el efecto residual, de corto plazo, en estos destinos es un aumento del costo de vida.

A Rodrigo Azambuja le echan de casa como a media Lisboa. Pagaba, y bien, su alquiler mensual en un edificio del Chiado. Se lo veía venir, pues la mayoría de las casas vecinales ya habían sido vendidas en bloque para convertirlas en hotelitos y apartamentos de alojamiento local. El Airbnb, el alquiler de habitaciones, arrasa en las principales ciudades de Portugal y en la costa del Algarve. Imposible luchar contra la ola, Azambuja se montó en ella.[3]

Portugal ha sido el primer ejemplo de la recuperación económica europea. El desempleo ha disminuido a la mitad. Las exportaciones están en su apogeo. Los inversionistas extranjeros han inundado Lisboa. El país incluso ofrece a los compradores de propiedades valuadas en 500.000 euros o más la oportunidad de obtener una “visa dorada” para quedarse a vivir ahí.Sin embargo, el salario mensual promedio aún es de cerca de 850 euros. La liberación del mercado, combinada con un enorme influjo de divisas, ha ayudado a elevar el precio de los inmuebles en el centro de Lisboa un 30 por ciento en dos años.[4]

Solo durante 2018, los alquileres se encarecieron un 20 % en Oporto; aquí la renta mensual por un apartamento de una habitación en el centro ronda los 800 euros, doscientos euros superior al salario mínimo luso e inasumible para la mayoría de la población.[5]

El aumento de costos de vida creciente por el turismo, puede ser desproporcional al aumento de ingresos. Por ejemplo, podemos revisar los indicadores que ofrece CITUR en Colombia, en el cual la mediana de los ingresos de los ocupados en actividades relacionadas con el turismo
para el 2017 no superaba el salario mínimo[6]. Queriendo revisar más a fondo estas cifras para un análisis más completo, se hace difícil, ya que los datos recogidos en ingresos son poco claros o están incompletos. Aún existe poca información disponible y clara para evaluar como la generación de empleo asociada al sector, está respondiendo a un mejor ingreso. En una revisión que realicé de varios reportes de sostenibilidad a nivel mundial, traté de identificar igualmente las medias de ingresos de empresas hoteleras reportadas en sus informes corporativos. En este punto cabe mencionar, que igualmente no era un dato comúnmente reportado, y que en una evaluación preliminar, existen aún inequidades de ingresos por género, y el turismo puede, sin tener evidencias contundentes, pero deseando poner la pregunta en la mesa, ser un alto empleador a un costo bajo.

Entonces, ¿cuáles son los retos en este aspecto?

Primero, integrar en la medición del CRECIMIENTO RESPONSABLE, no solo la generación de empleo en el sector, sino además, que tipos de empleos (permanentes, periódicos, temporales, fijos…), la media salarial de acuerdo a niveles de ocupación, cargos y géneros, pero también evaluar, como el incremento del costo de vida de los destinos está siendo proporcional al incremento de los ingresos de la comunidad local.  

Adicionalmente, y desde mi perspectiva personal, especialmente para el contexto colombiano, es necesario reevaluar los incentivos establecidos a los viajeros. Destinos ya saturados, han visto necesario crear nuevamente tasas turísticas especiales para solventar los costos que generan mayores mercados turísticos, el documento “Las Cargas Invisibles del Turismo” de TravelFoundation[7] presenta un análisis interesante sobre los costos no incluidos del manejo de los destinos. Usualmente, la reducción de impuestos, cargos, y una gran informalidad en la oferta turística, desbalancea la capacidad de las administraciones públicas de manejar los destinos, así, los costos aumentados de mayores flujos turísticos, pueden recaer en un aumento de impuestos y costo de vida de habitantes locales, que por un lado se desplazan de destinos turísticos, y por el otro no ven una retribución económica aumentada en dicho sector.

Por ejemplo, en destinos naturales, el turismo puede mejorar la empleabilidad y los ingresos, pero sin establecer una oferta integral, que incluya en su costeo la administración de la infraestructura común y de los procesos de conservación, serán costos que posteriormente no podarán ser solventados y podrán generar la incapacidad en el sistema local de proteger y/o suministrar servicios de calidad. En este punto, se deben proyectar los costos crecientes de infraestructura NO TURÍSTICA (saneamiento, educación, vías, control), los cuales irán en aumento con la llegada de turistas, el aumento de planta turística y de población que seguramente migrará por la búsqueda de empleo, pero que también estará asociada a la mejora de calidad de vida de los habitantes, usualmente estos costos no son incluidos y los precios de la oferta turística se sostiene sobre un costo de vida presente, que puede ser menor por la carencia de infraestructura o de servicios de calidad y ausencia de institucionalidad de apoyo.

Así, es necesario evaluar en un CRECIMIENTO RESPONSABLE del turismo, los sobrecostos por el manejo de los destinos, incluyendo las acciones de monitoreo y control requeridos para evaluar y asegurar una mejor sostenibilidad de los mismos.

Siguiendo en esta reflexión, paso a las dimensiones ambientales, en las cuales, especialmente en Colombia, que resaltamos al turismo como el nuevo petróleo, podemos estar repitiendo los errores de desarrollo enfocado en un crecimiento sin calidad ni sostenibilidad. El aumento de turistas, vuelos internacionales y nacionales, la apertura de nuevos destinos, como señales de éxito del sector, contrastan con otras indicaciones de que aún estamos en una ruta por ajustar. Según una investigación del Instituto de Estudios Ambientales la U. Nacional. “Pérdida de bosque, contaminación de agua, alteración de las tradiciones locales y expansion urbana son algunos de impactos que ha generado el ecoturismo en unas zonas protegidas”.[8]

No quiero decir que el turismo no es una alternativa de desarrollo, creo que si lo es, lo que cuestiono es el realce dado al mismo, sin una evaluación integral de todos los aspectos de sostenibilidad, para determinar su CRECIMIENTO RESPONSABLE.

Por ello, otro reto para economías emergentes que ven en el turismo una oportunidad de desarrollo, se encuentra el desafío de generar una oferta óptima para la ola cada vez más creciente de viajeros contra el transporte aéreo. Acabo de llegar de la conferencia del GSTC en Azores, y uno de los principales llamados a nivel de Europa y del mundo, es la reducción del desplazamiento aéreo, al ser uno de las principales fuentes de emisiones de GEI del sector turístico[9].

Para el punto anterior, los principales retos se encuentran en movilidad y RESTAURACIÓN. Así, la oferta turística de destinos emergentes deben asegurar una mayor movilidad a través de sistemas de transporte más amigables, aún me sorprende que San Andres y Providencia no aprovechen la energía solar para soportar su oferta automotora turística, acá hay márgenes de mejora para destinos costeros donde se deben fortalecer las fuentes de energía alternativas, especialmente en el transporte, y frente a una competencia potencial en la que turistas de mercados desarrollados estarán buscando una reducción de su huella de carbono.

Igualmente, es necesario fortalecer la capacidad de evaluar la oferta con base en los procesos de conservación y RESTAURACIÓN, a través del ecoturismo, y sobre pasar el uso del adjetivo eco, bio, verde, sin evidencias y conceptos claros de su contribución a la protección de la plataforma natural y cultural de los destinos y sin un monitoreo real de los impactos. Es necesario, que el sector empiece a mejorar su sistema estadístico y de información, por ejemplo en Colombia, la plataforma CITUR, que puede incluir mejores indicadores para evaluar de forma integral la sostenibilidad del sector, no solo de las empresas con certificaciones, sino de cómo el sector está consumiendo agua, energía, generando residuos, generando empleo digno, contribuyendo a la conservación y protección de recursos naturales y culturales locales, entre todas las otras dimensiones y variables que debemos acordar para definir CRECIMIENTO RESPONSABLE del turismo, y empezar a hablar con datos y no solo con retórica, para presentar evidencias más contundentes de que el turismo no es el nuevo petróleo de Colombia.

En conclusión, requerimos definir como medimos el éxito del crecimiento, y empezar a tener acuerdos y análisis sobre el monitoreo de la RESPONSABILIDAD del mismo, para dirigirnos a un camino en el que el crecimiento del consumo sea proporcional a la capacidad y recuperación de nuestros ecosistemas, pero que además podamos evaluar que dicho crecimiento está siendo distribuido de forma equitativa en nuestra sociedad.


[1] https://blog.oxfamintermon.org/desigualdad-economica-en-el-mundo-consecuencias-y-mucho-por-hacer/

[2] https://www.unwto.org/es/el-turismo-mundial-consolida-su-crecimiento-en-2019

[3] https://elpais.com/internacional/2019/05/18/actualidad/1558131754_377156.html

[4] https://www.nytimes.com/es/2018/05/25/espanol/lisboa-portugal-economia-vivienda.html

[5] https://www.lavanguardia.com/vida/20190117/454179441459/los-turistas-ahogan-a-oporto.html

[6] http://www.citur.gov.co/estadisticas/df_ingre_laboral_turis/all/44

[7] https://www.thetravelfoundation.org.uk/invisible-burden/

[8] https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/los-impactos-que-ha-dejado-el-ecoturismo-en-algunos-parques-naturales-de-colombia-articulo-894164

[9] https://www.adventuretravelnews.com/theres-a-backlash-against-flying-is-the-adventure-travel-industry-ready-for-its-impact

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