EL TURISMO, UN PIÑÓN PARA MOVER EL CAMPO COLOMBIANO

agosto 27, 2020

Por: Ivonne Andrea Sánchez Hernández

Hace tiempo escribí un blog parecido para AB Origen, pero dada la coyuntura actual deseo retomar algunas de esas ideas y ponerlas en el contexto que estamos viviendo.

Justamente esta mañana, veía una noticia de un campesino del Atlántico mostrando con gran orgullo su cosecha de productos producidos en su huerta: maíz, yuca, papaya… ¡comida! A través de la crisis actual que ha detenido cientos de industrias, una que no ha cesado de trabajar es la producción de alimentos. Y frente a los retos que la salud y acceso alimentario han impuesto por el cierre de fronteras, la seguridad alimentaria, que incluye alimento suficiente, asequible y sano, se ha vuelto más relevante.

Ahora bien, también se ha puesto en evidencia la injusticia económica hacía nuestro campo: trabajo arduo, que enfrenta un gran riesgo de pérdida ante un cambio climático con efectos cada vez más severos e impredecibles, y un costeo difícil de manejar por los precios altamente variables de insumos y petróleo, y una red de intermediarios que absorben las mayores ganancias.

Es acá donde deseo retomar algunos lineamientos expuestos anteriormente, y que frente a una reactivación del turismo, que requiere revalorar el territorio, y establecer una red más resiliente, puede ver en esa RURALIDAD PRODUCTIVA un gran aliado, para lo cual, podríamos trabajar sobre experiencias, que puedan:

  • Generar cadenas de valor  a través de las cuales se potencialice producciones locales, un turismo que se alimente de nuestro campo
  • Promover y visualizar una realidad ignorada, un esfuerzo subestimado, un costo escondido, el turismo debe permitir que el turista conozca el trabajo que hay detrás de lo que llena su nevera.
  • Fortalezca el trabajo cooperativo y la asociatividad, el turismo debe promover redes para promover un trabajo conjunto.
  • Generar capital financiero y humano que pueda ser reinvertido en el desarrollo no turístico de los territorios, requerido para mejorar la infraestructura y capacidades locales de estos entornos para desarrollar las empresas agropecuarias.

Para lograr seguir alimentando las reflexiones ya hechas anteriormente, quiero ahondar más en estos lineamientos y ofrecer algunas acciones que puedan contribuir con su aplicación.

Los procesos productivos locales pueden ofrecer a través de alianzas comerciales justas, y directas con sus productores, una mayor capitalización de estos procesos, al eliminar intermediarios que no agregan valor ni capital al campo. Algunos restaurantes por ejemplo, establecen acuerdos comerciales con productores de acuerdo a auditorías que realizan periódicamente. Estas auditorías permiten por un lado a las empresas reconocer barreras de inocuidad, transporte, producción, calidad, sostenibilidad, no para romper alianzas, sino para generar procesos de apoyo a través de los cuales se permite a los productores acceder a procesos para mejorar sus capacidades, es un juego de gana-gana, ya que sea crean vínculos de confianza, pero además un producto mejorado y a la medida del cliente.

Así, hoteles y restaurantes pueden generar mecanismos de verificación, listas de chequeo y procesos de visita de inspección, y sobre los mismos establecer procesos de mejora y extender convenios comerciales.  Estos mecanismos pueden ser verificados directamente, o trabajados con redes institucionales o las mismas asociaciones productoras, en parte pueden representar costos adicionales, pero también los beneficios ganados al mediano plazo, como procesos productivos mejorados, mayor calidad y eficiencia de la cadena de suministro y una mejora en la sostenibilidad, son ganancias que reducirán costos en el mediano plazo. El desarrollo rural a escala local, puede verse capitalizado por estos acuerdos cuando se vuelven un principio turístico de un destino.

Por otro lado, la gran diferenciación que puede traer la diversidad alimentaria y la culinaria asociada a un destino, mejora sus aspectos competitivos. Alimentos locales (cero kilómetros), sanos, únicos o diversos, son atributos de experiencias turísticas, que son cada vez más demandados por el mercado de viajeros. Así, lograr establecer un circuito productivo que recupere la diversidad alimentaria, pero que además recupere el saber ancestral de la culinaria que promueve valores culturales, aporta a experiencias únicas y altamente diferenciadores, y promueve no solo en los turistas, si no en su propia comunidad anfitriona esta culinaria, logrando como resultado, mejorar la seguridad alimentaria. Acá quiero destacar, que no hay nada más auténtico que comer lo que la gente del lugar que visito come, y si siendo viajera que quiere alimentos sanos, no puedo concebir un destino donde su comunidad se alimente diferente.

Ahora bien, si además, la experiencia logra poner cara a cara al productor y al consumidor, intercambiar sus historias y resignificar el trabajo rural, SIN DESPLAZARLO, hace que el turismo pueda igualmente ayudar a contribuir con uno de los mayores retos del campo, el relevo generacional. El campo se queda cada vez con menos productores que conocen la tierra como resultado de una visión histórica que ha demeritado al profesional del campo y ha sobrevalorado el profesional de la ciudad, lo cual ha generado una brecha en el sentir del joven descendiente, quien busca un mejor futuro lejos de sus raíces, desarraigándose del conocimiento, experiencia y genética, que ha tomado generaciones para crear profesionales aptos para esta labor. Ahora bien, un turismo que resignifique, revalore, y reconozca a este profesional del campo por su gran conocimiento y la importancia del trabajo que hace, de pronto logre impregnar junto a un ingreso justo, un proceso productivo mejorado y un canal comercial más estable, la idea de que allí, en esa tierra verde, yace una oportunidad única de vida para sus hijos, nietos, bisnietos, y sea su sueño quedarse.

Claro está, existen retos de mediano plazo, mejorar las vías, servicios sanitarios, y acceso a más oportunidades de educación que respondan a estos contextos. Pero he aquí donde un motor capitalizador como el turismo puede contribuir, pero requiere de un trabajo en alianza y consolidar una Organización de Gestión del Destino que trabaje por traducir de forma atractiva y experiencial el territorio, y llegar a acuerdos que logren canalizar recursos para su desarrollo. Por ejemplo, más allá de buscar reducir tasas o impuestos, los destinos podrían trabajar a través de sus Organismos en crear tasas de entrada al destino que puedan ser distribuidas en la mejora de estos territorios, así, invirtiendo en su infraestructura sanitaria, vial, seguridad, la cual beneficie en primera mano a sus comunidades, y mejore la resiliencia de las mismas, pero además mejore la imagen del destino frente a un mercado que estará demandando más estos requerimientos. En este punto, deseo detenerme, ya que frente al COVID o riesgos potenciales similares, las condiciones sanitarias (agua potable, alcantarillado, salud …) deben garantizarse igualmente para la comunidad como para la infraestructura turística, la seguridad en los destinos no puede verse por separado.

En conclusión, frente a un proceso de recuperación turística, el campo ofrece la oportunidad de aliarse con un destino como un valor de base, y un valor agregado, sin tener que convertirse en un guía, hotel, restaurante. Debemos entender también, que un destino turístico, no representa necesariamente convertir a la actividad turística toda su economía o su territorio, sino crear redes de economías diversificadas, sostenibles, justas, equitativas, que agreguen valor a la experiencia y que se vean capitalizadas y mejoradas por el recurso que el turismo pueda traer e invertir en estas cadenas, y así, fortalecer la resiliencia del destino frente a crisis como la que estamos viviendo.

Finalmente, deseo terminar con el párrafo que inicié el blog sobre el que me baso:

Cuando Nairo Quintana declaró después del Tour de Francia “”De mi campo aprendí que no se deja de cosechar porque una siembra no salió”, mi corazón saltó, no solo por mi amor ferviente a este deporte y a este representante, sino porque en su frase resaltó un espíritu y una fuerza nacional: la del campesino/pescador, la del campo, la del mar, la de los ríos, la de nuestra ruralidad.

Hagamos del turismo un piñón, para hacer del campo la bicicleta que lleve a nuestro país a un futuro pacífico, de bienestar y armónico con todos los seres que coexisten.

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