Empresas más allá de la huella de carbono y los mensajes verdes

marzo 16, 2020

Como consumidores, ciudadanos, gobiernos, empresas, debemos hacer una gran diferencia entre la filantropía y la responsabilidad corporativa, crear mensajes verdes o sostenibles debe basarse en una transparencia que no puede confundir  la responsabilidad intrínseca que hoy debemos tener en el desarrollo de nuestros negocios, los esfuerzos adicionales y el mejoramiento de la operación empresarial.

Por ejemplo, usualmente las empresas están identificando la integración de energías alternativas, dentro de sus procesos de responsabilidad ambiental, especialmente con el boom climático mundial, muy bien, pero como ciudadanos y consumidores, así como tomadores de decisiones debemos evaluar frente a estos mensajes de ambientalismo lo siguiente:

¿Genera la inversión en energías alternativas un ahorro a la empresa? Esto no estaría mal, pero así, las decisiones pueden ser evaluadas más por viabilidad financiera y un deber ser de la compañía dado que la tecnología alternativa es viable, disponible, accesible, factible, así que es una decisión de lógica productiva.

En este caso, es importante también diferenciar lo siguiente, no para todos los contextos geográficos o todas las industrias una planta de energía solar es una acción prioritaria para la gestión de impactos en la huella de carbono.

¿Qué quiero decir con esto?

Gran parte del territorio colombiano es abastecido por energía hidroeléctrica, no es energía limpia, especialmente teniendo en cuenta que proviene de grandes embalses con un costo en pérdida de biodiversidad y socio cultural no valorado aún, pero que posee una baja huella de carbono. Así, las inversiones en otras fuentes energéticas para estos contextos, puede verse más relacionada con la independencia energética y la reducción del riesgo de abastecimiento, que con la huella de carbono. En este marco, la gestión del impacto empresarial más allá de una minimización representativa de la huella de carbono, puede ser alcanzar una estabilización de tarifas en la adquisición de energía, y reducir la presión sobre las fuentes de oferta energética, especialmente frente a la vulnerabilidad en el desabastecimiento de los embalses comúnmente presentadas en las últimas décadas en Colombia.

No quiero decir, que las energías alternativas no sean una solución ambiental, económica y socialmente requeridas, pero no siempre se pueden asociar a un mensaje de salvar al planeta del cambio climático, porque para ello, las empresas podrían tomar decisiones más responsables, pero que seguramente no representarían ganancias económicas como:

El uso de servidores con fuentes energéticas alternativas.

Ofrecer sistemas de transporte a empleados basados en uso de combustibles más amigables o transportes de fuentes alternativas.

O tan solo realizar la inversión en la generación alternativa en zonas geográficas donde las fuentes de energía son más emisoras de GEI, entre otras.

Claro, son acciones que representan mayores costos para las empresas, pero debemos afrontarlo, parte de la gestión ambiental y social responsable va a afectar la rentabilidad financiera de la empresa. Por ello, la gestión de la responsabilidad corporativa o empresarial debe construirse en un marco de planeación de mediano y largo plazo, que además se fundamente en una negociación macro de la economía en la que estos “sacrificios” económicos puedan verse compensados en clientes fidelizados, en reducciones tributarias, en una valoración aún carente de la rentabilidad social y ambiental de la economía o tan solo en una conciencia más limpia.

Contar con filantropía ambiental de grandes industrias o empresas y corporaciones, o de las pequeñas, es una gran contribución para mejorar la inversión en la costosa recuperación de nuestro planeta, pero además, estas empresas deben enfocar sus esfuerzos también la producción sostenible de sus bienes y/o servicios. En este sentido, no se debe separar la responsabilidad existente de las empresas, en mejorar su sistema productivo, y lavar su imagen, con su contribución económica. Igualmente, como sociedad, debemos conciliar un proceso de transición, que también permita a las empresas, a acelerar y transformar sus sistemas productivos, programados por años en tecnologías y procesos intensivos, requerimos de un sistema educativo que revolucione y disponga mayor conocimiento enfocado en un nuevo umbral de producción más sostenible, gobiernos que establezcan pautas e incentivos a la trasformación de infraestructura y tecnología, que facilite al sector privado su transición, y a CEOs más conscientes y comprometidos con un modelo de negocio más responsable.

Así que, para futuros empresarios y empresas existentes, la filantropía social o ambiental, sí, es necesaria, pero lo que realmente necesitamos son empresas que concilien sus modelos de negocio hacía operaciones con menos impactos, operaciones que humanamente, ambientalmente y culturalmente construyan una mejor sociedad, no con cierto porcentaje, a veces muy modesto, de sus utilidades, sino con el servicio o producto que ofrecen. Así, de pronto en algunos años, el planeta no va a necesitar de su acción filantrópica, porque su servicio ya lo está ayudando a restaurarse.

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